La historia de los pueblos de América presenta dos versiones diametralmente opuestas; Una de ellas, es la que han escrito los invasores castellanos con un estilo amañado, excluyente y euro centrista que se inicia cuando Cristóbal Colón en nombre del Rey de España, toma posesión legal de la Isla Guanahaní, evidenciando un absoluto menosprecio por los derechos de los hombres en esta parte del planeta. La segunda versión es aquella que tiene como sustento primordial la fuente oral, que desde la más remota noche de los tiempos ha viajado en la memoria de los pueblos hasta nuestros días, para cumplir siglos después de la llegada de la escritura, la terca y asombrosa tarea de cimentar la identidad popular, dándonos a conocer quienes realmente somos.
 

GENERACIÓN TRAS GENERACIÓN
 
A continuación haremos una breve reseña histórica de la Provincia de Chanchamayo, ligada estrechamente a los demás pueblos de la Amazonía, contada por “Nosotros mismos”, “Los desconocidos” y que no difiere mucho de “La otra historia”, claro, a no ser por los puntos de vista.
 

Reseña Histórica de Chanchamayo - Junín

1.1. Los Primeros Vestigios
 

 

Sobre la base de la etimología de los nombres que predominan en la zona, se puede fácilmente deducir que la Provincia de Chanchamayo estuvo originalmente habitada por nativos de los grupos étnicos; Piro, Amuesha y en mayor número Asháninkas, aunque de acuerdo a los numerosos restos arqueológicos encontrados en la zona, habría sido habitada desde aproximadamente 3500 años atrás, por alguna ancestral cultura amazónica hasta hoy no identificada. Los: petroglifos, fortines de piedra, caminos empedrados, hachas de piedra, agricultura en terrazas, etc. encontrados ocultos entre la tupida vegetación, hacen suponer incluso de la presencia Inca por estas tierras; suposición que es categóricamente negada por los historiadores quienes afirman que la selva jamás pudo ser conquistada por el poderoso imperio, por una sencilla razón: la agresividad y coraje de los indígenas que desde siempre defendieron con valor su territorio.
Sin embargo cabe destacar que desde épocas muy remotas existía un intercambio socio - económico entre los pobladores de la sierra y la selva, razón por la cual es común encontrar nombres cuya raíz etimológica es el Quechua. Bergman (1990) sostiene que hacia el año 1200 A.C. se había desarrollado una importante red comercial entre ellos y tenían como principal punto de encuentro el Cerro de la Sal, puesto que ese producto era el nódulo económico en que se articulaban los intercambios indígenas de la Selva Central.
Este acercamiento multiétnico y pluricultural permitió la temprana asimilación de algunos rasgos de las culturas preincas, a la vez que también influenciaban en ellas. Posteriormente con la llegada de los españoles, se inicia la penetración en la selva utilizando las mismas rutas que los Incas abrieron a través de los Andes, trayendo consigo un arma mucho más poderosa y eficaz: La Religión.

 

1.2. La Ocupación Misionera (1635 – 1742)

 

 
Al arribar los misioneros a la selva trajeron consigo un afán expansionista, basados en la propagación de la fe cristiana e implantaron una nueva forma de organización socioeconómica del comportamiento poblacional, heredero de la colonia, en la que la ideología religiosa constituía la punta de lanza de la intervención y ocupación territorial. Esta mentalidad concibió en que la selva alta y baja eran una zona de frontera abierta destinada a la conquista y explotación de sus recursos, iniciándose consiguientemente una lenta y progresiva ocupación territorial en la que desempeñaron un especial papel histórico los centros poblados de Concepción, Comas, Andamarca y el Convento de Santa Rosa de Ocopa, de donde partían las expediciones.
Los misioneros emprendieron la tarea evangelizadora como una empresa económica. Dos hechos importantes señalan a la economía con sotana: el primero, la paga del llamado “Conversor” de los supuestos infieles. En el Prologo a “La conquista Franciscana del Alto Ucayali”, Antonio Tibesar dice: “El salario como párroco se calculaba, en parte, a base del número de feligreses”. El tantas veces alabado celo misionero, las obsesiones por incursionar en la selva, la vertiginosa búsqueda de nativos para “Convertirlos” y las inmolaciones, tenían por lo general su acicate en el tintineo del metal. El segundo hecho fue el famoso “Cerro de la Sal”, principal centro de intercambio económico de la región que se encontraba bajo el control de los nativos Asháninkas y Amueshas. Controlar la fuente salinera significaría conquistar el poder económico de la región. Fray Manuel Biedma lo vio así y recomendó: “Que un encomendero debería administrar el Cerro de la Sal”, asimismo, recomendó que “Los indios que vinieran a buscar la sal del cerro deberían de abonar una determinada cantidad de especies al encomendero y entregarle una carta de un misionero que atestiguara su buena conducta y asistencia con regularidad a la misión”. De esta manera se vincularon economía y religión para explotar la necesidad salinera de los aborígenes. Esta actitud puso de manifiesto la ambición de los misioneros y ocasionó la ruptura de las relaciones entre los invasores y los indígenas, iniciándose la Batalla por la Sal en 1637, encabezados por Andrés Sampati y Pedro Bohórquez.
 
Desde el estricto punto de vista de los Asháninkas, el descubrimiento y posterior ingreso a la Amazonía de los misioneros no fue obra española, sino de ellos. El primer contacto con los intrusos, donde las relaciones no eran ni conflictivas ni tensas, fue iniciativa Asháninka. El descubrimiento de estos indígenas ocurrió oficialmente en 1594. En esa fecha histórica para la Nación Asháninka, 6 de sus caciques visitaron Lima. En ese entonces el Virrey era el Marqués de Cañete. Antonio Tibesar dice: “Los Caciques Campas recibieron muy buena acogida, pues ofrecían a los Jesuitas una oportunidad para familiarizarse con otro sector de la frontera hasta entonces desconocido”.
El intento de los Jesuitas, comandados por el padre Juan Font para ingresar a la selva fracasó estrepitosamente, ni con ayuda pudieron afincarse los descendientes de Loyola, y eso que estaban recién en la zona selvática de la sierra (Jauja).
En 1631 el cacique “convertido” Antonio Talancho condujo al Misionero Franciscano Fray Felipe Luyando a la región de los Panatahuas. Entre los compañeros de Luyando estaba Fray Jerónimo Jiménez, natural de Lima, quien salió en busca de otras naciones indígenas que todavía no habían recibido el evangelio. Fue en estas circunstancias que al pasar por Huancabamba, Fray Jerónimo Jiménez encontró un camino de nativos que corría paralelo a los ríos y que lo llevaría a través del valle de Huancabamba, la quebrada de Paucartambo, hasta el Cerro de la Sal, al que llegó, ayudado por los nativos en el año de 1635; desde allí remontó al río Chanchamayo de la confluencia del Paucartambo y fundó la primera misión con el nombre de San Buenaventura de Quimiri, muy cerca de la actual ciudad de la Merced, iniciando de esta manera la colonización de la selva central, exactamente 41 años después de la visita de los Asháninkas a Lima y 103 años después de la llegada de los conquistadores españoles encabezados por Francisco Pizarro al Perú (1532)
La infraestructura Asháninka, sus caminos, hospitalidad y fuerza de trabajo, intervinieron decisivamente en la llegada de los invasores a los que ayudaron como guías, trocheros, bogas, etc. Los trabajos de Fray Jerónimo Jiménez en las fértiles tierras de Chanchamyo fueron de corta duración puesto que junto con algunos españoles sedientos de oro, creyendo encontrar grandes depósitos del precioso metal en las zonas recién descubiertas, se aventuraron por Quimiri y navegando por el Perené, río abajo, fueron asesinados en el año de 1637; junto a ellos también fue sacrificado el Padre Cristóbal Larios natural de Ica. Para entonces había estallado ya la primera rebelión Asháninka encabezada por Andrés Sampati y Pedro Bohórquez quienes se levantan en armas contra los franciscanos que se habían apoderado del Cerro de la Sal imponiendo multitud de controles. Estas exacciones y abusos de las autoridades y grupos de poder colonial fueron las causas principales para la rebelión a la cual coadyuvaron, en no poca medida las epidemias de origen europeo (sarampión viruela, gripe) contra las que los nativos no tenían defensas. Fray Manuel Biedna había dicho: “Plantar el evangelio es convocar a la s pestes”. Solo en el siglo XVII se registraron siete periodos de epidemias, las cuales aparecían de improviso como invisibles heraldos de la muerte diezmando pueblos enteros.
Con éste suceso se perdieron las conversiones del Cerro de la Sal y de Quimiri, siendo abandonada la región por muchos años. En 1671 el padre Alonso Robles se arriesga a ingresar nuevamente por estas tierras y reedifica la destruida población de Quimiri. En 1674 el padre Izquierdo fundaba más abajo la población de Pichana y poco después, en el transcurso del mismo año, era asesinado e incendiada su misión durante la rebelión del cacique Mangore, quien se rebela cuando los Franciscanos tratan de apoderarse nuevamente del Cerro de la Sal. Luego de este incidente nuevamente las misiones de Chanchamayo fueron abandonadas por un largo periodo. En 1724, estalla la sublevación de Ignacio Toroté, donde aparece el primer intento de confederación nativa: los Asháninkas se aliaron con los Amueshas y los Piros.

 

1.3. La Reconquista Indígena (1742 – 1847)
 

 

En 1742 ya existían prósperos fundos en el Valle de Chanchamayo, incluyendo el de Oxabamba, cuando se produjo la mayor rebelión indígena en la que participaron activamente los guerreros Asháninkas, encabezados por el caudillo Juan Santos Atahualpa, “Líder del Único Movimiento Indígena Jamás Derrotado” (Alfonso Zarzar, en el libro “Apu Cápac Huayna, Jesús Sacramentado), quien avizoró temprano la integración mestiza para desterrar el vasallaje español. Era entonces Virrey del Perú Dn. José Antonio de Mendoza.
Con esta rebelión triunfante que recibía adhesiones de todas las tribus nativas, incluso de indígenas serranos y de españoles y mestizos pobres, las zonas de los ríos Chanchamayo, Perené, Satipo, Pichis, Ene, Tambo y Gran pajonal, es decir casi toda Selva Central, quedaron cerradas a los foráneos por más de un siglo.
Es necesario destacar que la recuperación de los territorios indígenas, lejos de significar el rechazo de los aportes que habían traído lo europeos, se potenció con la adopción de algunos de ellos, manteniendo las herrerías próximas al Cerro de la Sal, continuando con el cultivo de cítricos, caña de azúcar, etc. prosiguiendo además con la crianza de ganado; propiciando de ésta manera un desarrollo autónomo y autodeterminado por las etnias de la Selva Central, la misma que fue bruscamante frenada por el avance de la recién nacida República del Perú (1821).

 

1.4. La colonización Pionera (1847 – 1947)
 

 

Los primeros intentos por colonizar la Selva Central, luego de la rebelión de Juan Santos Atahualpa, lo propiciaron los tarmeños en 1779, quienes con la intención de cultivar las fértiles tierras de Chanchamayo, abrieron una nueva senda de penetración por las alturas de Palca y Marainioc, pues la antigua ruta había desaparecido entre la vegetación, penetrando por el valle de Vitoc. En esta arriesgada aventura jugaron un importante papel el Intendente de Tarma Juan Gálvez y Montes de Oca y el padre Manuel Sobreviela, guardián de Ocopa, quienes no avanzaron mucho por temor a los nativos y construyeron un fuerte cerca de Palca para defender Tarma de un posible ataque.
En 1827, ya instalada la nueva República del Perú, se iniciaron los trabajos de apertura de un camino a costa del erario nacional, el mismo que fue abandonado por falta de fondos y por los graves trastornos políticos que sufría el país.
Superado el colapso producido por las luchas independentistas, es decir a partir de 1830, la extracción de plata en los yacimientos de Pasco y Yauli comenzaron su recuperación, por ello la oligarquía de Tarma insta al gobierno de Castilla Armas a reabrir la colonización de la cuenca de Chanchamayo y toda la Selva Central, retomándose el proyecto de construir un camino en 1847 entre los pueblos de Palca y Chanchamayo, el mismo que construyen gracias al aporte de los vecinos y pueblos de Tarma. Dado a la agresividad de los indígenas, que ponía en peligro la vida de los colonizadores, se levantó un fuerte que fue bautizado con el nombre de “San Ramón”, en honor al Mariscal Don Ramón Castilla, ubicándose en el ángulo formado por la confluencia de los ríos Tarma y Tulumayo que dan origen al río Chanchamayo. Era para entonces Prefecto de Junín Don Mariano Eduardo De Rivero y Ustariz.
Inicialmente el objetivo de la conquista colonizadora no era otro que el de establecer haciendas, cuya producción básica era el aguardiente de caña y la hoja de coca para abastecer a las comarcas mineras. Poco a poco siguieron abriendo trochas y caminos para tener fácil vía de acceso entre la parte civilizada y las regiones que se iban conquistando y colonizando. A diferencia del periodo misional, esta vez la ocupación fue una empresa de conquista esencialmente militar; el indio ya no era necesario como objeto de conversión, ahora era un obstáculo para las empresas pioneras que debía o ser absorbido por la dinámica económica iniciada o ser eliminado mediante la fuerza de las armas. Los Asháninkas opusieron tenaz resistencia a ser sometidos, la misma que fue interpretada en clave racista; de ella dedujeron que los nativos no querían trabajar porque eran vagos. Los enfrentamientos entre los nativos y colonos, apoyados por los militares son continuos en los primeros 30 años de “reconquista”. Desde entonces se establecieron varias haciendas y la fértil Región de Chanchamayo empezó a poblarse de nuevo, aunque lentamente a falta de un buen camino para la exportación de los productos ya que el camino abierto en 1847 presentaba muchos pasos peligrosos.

 

CARRETERA ANTIGUA HACIA TARMA – EL PASO DE LOS VALIENTES

 

 
A partir de 1849 se dictaron una serie de leyes favorecedoras de la colonización e incluso de la inmigración europea y asiática, esencialmente italianos y chinos hacia la selva, adjudicándoles tierras expoliadas a los nativos. En 1865 llegó un grupo de inmigrantes chinos que dieron mayor vida al pueblo y establecieron haciendas dedicadas al cultivo de caña de azúcar, frutas y café, así como la explotación pecuaria. El 6 de noviembre de 1868 el Supremo Gobierno, con el ánimo de extender sus dominios más allá del Fuerte San Ramón, dio un decreto para realizar una expedición con el fin de explorar el otro lado del río Chanchamayo. El 5 de diciembre del mismo año partió la expedición y cruzando el río Chanchamayo ingresó en territorio salvaje. A los pocos días tuvieron un enfrentamiento con algunos nativos que ocupaban un pequeño pueblo llamado Nijandaris que había sido fundado por los misioneros el siglo anterior. En los alrededores hallaron los expedicionarios abundantes cultivos de maíz, coca, frejoles, ají y algunas matas de algodón, hallando además frutas tales como papayas, naranjas agrias, limones, piñas y plátanos. Esta expedición se suspendió debido al mal clima que impedía el avance de los trabajos, de modo que se decidió esperar hasta una estación más propicia. El 8 de marzo de 1869 salió otra expedición desde la ciudad de Lima, al mando del Coronel Pereira, con la intención de conquistar las tierras ocupadas por los nativos. Llegada la expedición al pueblo de Nijandaris, reconquistado poco antes, estableció allí su campamento. Pocos días después dos celadores fueron asesinados por los nativos. Este suceso paralizó momentáneamente la expedición. Poco después por órdenes del gobierno siguieron adelante, avanzando poco a poco, rozando y abriendo un camino que facilitara la comunicación entre la parte “civilizada” y la que iban conquistando.

 
Ante la existencia de numerosas personas de distintas nacionalidades que deseaban residir en esta fértil zona y dedicarse a las labores agrícolas y ganaderas, el Coronel Don José Manuel Pereira decidió fundar un pueblo, cuyos habitantes con los ya existentes cosntituian un número bastante grande para defenderse del ataque de los nativos, procediendo por consiguiente el día 24 de septiembre de 1869 a la fundación del pueblo al que dieron por nombre La Merced. En 1886 el padre Sala funda la misión de San Luis de Shuaro, la que luego sería el punto de partida de la vía del Pichis que conduce a la Amazonía.
El 2 de Octubre de 1870 salió del flamante pueblo de La Merced una expedición encabezada por el Coronel Don José Cárdenas con el objetivo de seguir el curso del Río Chanchamayo y Perené, para ver si era posible encontrarse con la Comisión Hidrográfica del Amazonas, dirigida por el Almirante Tucker. El 19 de Octubre de 1870 se tomó posesión del punto que confluyen los ríos Chanchamayo y Paucartambo, donde nace el Río Perené. Establecido el campamento en este lugar, una comisión que exploraba el río descubrió un gran edificio con un horno de forma cuadrada provisto de unos fuelles que servían para fundir el hierro; En el lugar se hallaron también gran cantidad de mineral (Fierro Oligisto – Fierro Magnético), así como escorias de fundición y granallas de fierro metálico, confirmando que los nativos no solo habían aprendido a fundir los minerales de hierro, sino que también reducían el fierro fundido a fierro maleable por medio de otros hornos que se descubrieron posteriormente. En 1871 hacen su llegada los primeros colonos Europeos (Italianos, Alemanes y Franceses).
En 1874, con apoyo del gobierno, se hizo la primera tentativa de explorar de un modo científico el curso de los ríos Perené y Tambo en la que participaron el Ing. Wertherman asociado con el Sr. Alejandro Rivera ayudados de nativos chasuta, traídos desde el río Huallaga. Al poco de partir, fuertes correntadas y grandes remolinos hicieron voltear la balsa en la que iban los exploradores, perdiéndose los instrumentos para las observaciones, haciendo de este modo imposible continuar la expedición. En 1875 se consigue nuevamente apoyo del gobierno para realizar otra expedición que parte el día 4 de Noviembre y cruza por la confluencia de los ríos Perené y Pangá, en Puerto Ocopa, la unión de los ríos Perené y Ene, donde se forma el Río Tambo, la Confluencia de los ríos Tambo y Urubamba en Atalaya, donde se forma el Gran Ucayali, llegando el día 29 de Noviembre a Iquitos después de 25 arduos días de navegación. En 1880 el boom del caucho se expandió por la zona superior del río Ucayali, afectando también las zonas de Selva Central, sobre todo a los valles del Pichis y del Palcazú, dando lugar al sistema de “correrías”. Es decir fomentado mediante recompensas el que unos indios cazaran a otros para ser utilizados como “mano de obra esclava”. Los efectos disgregadores de las “correrías” instauraron odios entre etnias e incluso entre grupos de una misma etnia que perduraron hasta mediados del pasado siglo.
En 1891, el gobierno adjudicó a la Peruvian Company 500,000 Has. en ambas márgenes del río Perené, dando nacimiento a la Colonia del Perené. Esta adjudicación se realizó como parte del pago de la deuda contraída por el Estado con acreedores extranjeros, fundamentalmente ingleses. Desde la última década del antepasado siglo se fue expandiendo la base económica de la región realizando una paulatina transición desde la predominancia de la caña al café, convirtiéndose en todo un modelo técnico en la zona. Tanto así que el ritmo de crecimiento demográfico de la Selva Central estuvo básicamente determinado por las alzas periódicas del precio del café. En 1918 se apertura la carretera Tarma - La Merced facilitando el transporte de los productos hacia Lima y los mercados de exportación.
En 1927, el entonces teniente 2° Leonardo Alvariño y Herr, logró realizar el primer vuelo de Lima (Ancón) a San Ramón, piloteando un pequeño biplano de cabina abierta Krystone de 220 HP en 2 horas y 40 minutos, vuelo que constituyó record de altura al remontar la Cordillera de los Andes por el monte Meiggs (6,000 m.s.n.m.) y además permitió abrir la ruta aérea que el Perú necesitaba para comunicar Lima con Iquitos, vía San Ramón. Para 1930 ya existía el camino que unía el río Pichis con La Merced y Tarma, así como la carretera que unía Satipo a Concepción-que fue destruida por el terremoto de 1947 y no fue aperturada hasta 1961.


Fuente: http://www.munichanchamayo.gob.pe/